El cambio de horario de verano a horario de invierno, y viceversa, no solo afecta a la hora, sino que, al parecer, también influye en el cuerpo humano. Un nuevo estudio realizado por investigadores de Northwestern Medicine revela que el cambio de horario podría estar relacionado con una variación en el riesgo de padecer determinadas enfermedades de los vasos sanguíneos de la retina. En particular, el cambio al horario de verano en primavera, en el que se pierde una hora de sueño, parece desempeñar un papel importante. Los investigadores descubrieron que el riesgo de padecer determinadas enfermedades de los vasos sanguíneos de la retina podría aumentar hasta un 30 % durante el mes siguiente. Los resultados se han publicado en la revista científica Scientific Reports.
¿Una hora menos de sueño? ¿Repercusiones en los ojos?
El estudio fue dirigido por la Dra. Rukhsana Mirza, catedrática de Oftalmología en la Universidad Northwestern. La investigación sugiere que incluso un cambio relativamente pequeño en el ritmo circadiano puede afectar a procesos biológicos sensibles.
«Nuestro estudio sugiere que una hora más de sueño podría proteger contra el riesgo de padecer enfermedades», explicó Mirza. Especialmente las personas que noten nuevos trastornos visuales u otras molestias oculares tras el cambio de hora podrían beneficiarse de un examen más detallado. El cuerpo humano posee un reloj natural de 24 horas: el denominado ritmo circadiano. Este influye en numerosos procesos:
- el ciclo de sueño-vigilia,
- la producción hormonal,
- la temperatura corporal,
- el metabolismo,
- la actividad de diversos órganos.
El cambio de hora puede desequilibrar este reloj biológico a corto plazo. El cambio de hora en primavera resulta especialmente agotador para muchas personas, ya que el cuerpo pierde una hora de sueño. Los investigadores sospechan que esta alteración podría tener efectos similares a los de otras situaciones de falta de sueño: los procesos inflamatorios pueden intensificarse, el metabolismo puede verse alterado y la carga sobre el sistema cardiovascular puede aumentar.
Por qué la retina es especialmente sensible
La retina es la capa sensible a la luz situada en la parte posterior del ojo. Transforma las señales luminosas en impulsos nerviosos y, de este modo, permite la visión. Al mismo tiempo, la retina es uno de los tejidos con mayor actividad metabólica del cuerpo. Necesita un suministro especialmente bueno de oxígeno y nutrientes, y cuenta con una de las redes más complejas de vasos sanguíneos minúsculos. Por este motivo, la retina también se considera una especie de «ventana al cuerpo». Los cambios en sus vasos sanguíneos pueden proporcionar indicios sobre procesos generales relacionados con la salud. La especial sensibilidad de la retina está relacionada, sobre todo, con su elevado consumo energético. Las células sensoriales de la retina que procesan la luz, en particular los denominados fotorreceptores (bastones y conos), funcionan constantemente y necesitan grandes cantidades de oxígeno. Por ello, incluso pequeños cambios en el riego sanguíneo pueden afectar al funcionamiento de estas células.
Los diminutos vasos sanguíneos de la retina reaccionan de forma muy sensible a los cambios que se producen en todo el sistema vascular. Por ello, enfermedades como la diabetes, la hipertensión o los procesos inflamatorios suelen manifestarse de forma precoz en los vasos sanguíneos de la retina. Por este motivo, los oftalmólogos utilizan los exámenes de la retina no solo para evaluar la agudeza visual, sino también como indicador de posibles alteraciones en todo el organismo. En este sentido, los vasos sanguíneos más pequeños, los denominados microvasos, desempeñan un papel especialmente importante. Suministran oxígeno y nutrientes a la retina y, al mismo tiempo, deben regular el flujo sanguíneo con gran precisión. Las alteraciones en este delicado sistema pueden provocar oclusiones vasculares, problemas de irrigación o daños en el tejido nervioso.
La conexión entre la retina y el reloj biológico también resulta especialmente interesante: la retina contiene células especiales sensibles a la luz que no solo se encargan de la visión, sino que también transmiten al cerebro información sobre la luz y la oscuridad. Estas señales ayudan a controlar el reloj biológico del organismo y a ajustar el ritmo sueño-vigilia. De este modo, se establece una conexión directa entre la percepción de la luz, la regulación del sueño y los procesos biológicos del cuerpo. Por lo tanto, una alteración de este sistema, por ejemplo, debido a cambios en las condiciones de luz o en los ritmos de sueño, podría tener también repercusiones en la salud de la retina.
Para el estudio, el equipo analizó datos sanitarios de más de 18 millones de personas de entre 18 y 64 años. Los datos procedían de la base de datos estadounidense de seguros médicos Merative MarketScan Commercial Database y abarcaban el periodo comprendido entre 2012 y 2014. Los investigadores estudiaron los casos de nuevo diagnóstico de diversas enfermedades vasculares de la retina:
- oclusiones de las arterias retinianas (RAO),
- oclusiones de las venas retinianas (RVO),
- retinopatía diabética proliferativa (PDR),
- degeneración macular neovascular relacionada con la edad (nvAMD).
A continuación, compararon las tasas de incidencia tras el cambio horario con los periodos de control en verano e invierno.
La primavera y el otoño muestran efectos diferentes

- El riesgo de un nuevo diagnóstico de determinadas enfermedades aumentó hasta un 30 %.
- Las enfermedades más afectadas fueron la retinopatía diabética proliferativa y la degeneración macular neovascular relacionada con la edad.
Por el contrario, tras el cambio al horario de invierno en otoño se observó un efecto contrario:
- el riesgo de padecer determinadas enfermedades vasculares de la retina fue aproximadamente un 20 % menor durante el mes siguiente.
Los investigadores sospechan que las horas adicionales de sueño que se ganan gracias a esa hora extra podrían desempeñar un papel protector.
Posible explicación: el sueño, la inflamación y el metabolismo
Aún no se ha aclarado del todo por qué el cambio horario podría afectar a la retina. Una posible explicación radica en los efectos de la alteración del ritmo del sueño. Estudios anteriores ya han demostrado que la falta de sueño y los cambios en el reloj biológico pueden estar relacionados con diversos problemas de salud, entre ellos:
- reacciones inflamatorias,
- alteraciones metabólicas,
- mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
En estudios anteriores también se han analizado las relaciones entre el cambio al horario de verano y un mayor riesgo de sufrir infartos de miocardio o accidentes cerebrovasculares. La nueva investigación amplía ahora estos hallazgos al ámbito de la oftalmología.
¿Qué significa esto para las personas afectadas?
Los investigadores subrayan que es necesario realizar más estudios. El estudio actual se basa en datos de seguros correspondientes a un periodo limitado y solo puede poner de manifiesto una relación. No se han podido tener en cuenta, por ejemplo, todos los factores individuales como:
- los hábitos de sueño,
- la alimentación,
- la actividad física,
- riesgos genéticos,
- circunstancias personales.
En futuros estudios se analizará si los resultados pueden confirmarse también en otros grupos de población y a lo largo de períodos de tiempo más prolongados. Los resultados no significan que el cambio horario provoque automáticamente una enfermedad ocular. Para la mayoría de las personas, el cambio supone una molestia temporal a la que el cuerpo se adapta en pocos días. No obstante, determinados grupos de personas pueden reaccionar de forma especial a los cambios en el sueño, como las personas con enfermedades preexistentes, problemas de sueño o un mayor riesgo de padecer enfermedades vasculares. En caso de que aparezcan molestias de forma repentina, se debe acudir sin demora a una revisión oftalmológica. Entre ellas se incluyen:
- pérdida de visión,
- visión borrosa,
- manchas oscuras en el campo visual,
- nuevos problemas de visión
Conclusión: el reloj biológico también podría influir en la salud ocular
El nuevo estudio muestra que los efectos del cambio horario podrían tener un alcance mayor de lo que se pensaba hasta ahora. Un simple cambio horario de una hora podría influir en procesos biológicos relacionados con la inflamación, el metabolismo y la salud vascular. Resulta especialmente interesante la posible relación entre el sueño, el reloj biológico y la salud de la retina. Los resultados aportan un nuevo enfoque para la investigación y ponen de manifiesto lo estrechamente interrelacionados que están los distintos sistemas del cuerpo humano.
El estudio pone de manifiesto que los ojos no pueden considerarse de forma aislada, sino que interactúan estrechamente con otros procesos corporales. La retina no solo reacciona a los estímulos luminosos, sino que también está conectada con el reloj biológico, que controla numerosas funciones en todo el cuerpo. Aunque el cambio horario por sí solo no provoca enfermedades oculares, los cambios en el sueño y las alteraciones del ritmo natural podrían suponer una carga adicional para determinadas personas. Especialmente para aquellas personas con riesgos vasculares preexistentes, diabetes u otras enfermedades crónicas, podría ser importante prestar atención a los cambios en la salud y en la visión.
Será necesario realizar más investigaciones para determinar con exactitud cuáles son los mecanismos biológicos que subyacen a este fenómeno y si, en el futuro, esto dará lugar a nuevas posibilidades para la prevención o el tratamiento de las enfermedades vasculares de la retina. Los resultados nos recuerdan que dormir lo suficiente y mantener un ritmo circadiano lo más estable posible son componentes importantes de la salud general y que, posiblemente, también pueden contribuir a proteger la salud ocular.









