¿Por qué algunas personas se quedan sin aliento después de un trote corto, mientras que otras parecen deslizarse sin esfuerzo? Naturalmente, el entrenamiento, la forma física y la fuerza muscular influyen. Los investigadores han descubierto que el cerebro también influye mucho, sobre todo en la percepción de la actividad física extenuante.
El deporte no sólo pone a prueba el cuerpo, sino también la forma en que el cerebro interpreta el esfuerzo. Los científicos han descubierto que hacer vibrar los tendones antes de montar en bicicleta permite a las personas esforzarse más sin tener la sensación de que trabajan más. Los músculos y el corazón trabajaban más, pero la percepción del esfuerzo no cambiaba. Esta discrepancia entre el cerebro y el cuerpo podría algún día ayudar a que el ejercicio sea menos intimidatorio, sobre todo para las personas a las que les cuesta mantenerse activas.
¿Qué influencia tiene la cronobiología en el deporte y el rendimiento?
La cronobiología se ocupa de los relojes internos del cuerpo, especialmente del ritmo circadiano (ritmo de aproximadamente 24 horas). Estos ritmos influyen, entre otras cosas:
- la actividad de determinadas regiones cerebrales
- el procesamiento de estímulos sensoriales (por ejemplo, la tensión muscular),
- la frecuencia cardíaca, la fuerza muscular y el metabolismo,
- la motivación, la fatiga y la percepción del dolor y el esfuerzo.
Tanto la percepción del esfuerzo como la capacidad de rendimiento del cerebro y del cuerpo están controladas por ritmos biológicos internos que dependen del tiempo. La cronobiología demuestra que este procesamiento funciona de forma diferente según la hora del día. Por ejemplo, a última hora de la tarde, el cerebro suele percibir el esfuerzo físico como menos agotador que a primera hora de la mañana, aunque el rendimiento objetivo sea el mismo. Los descubrimientos cronobiológicos podrían explicar cuándo estos efectos (como la menor percepción del esfuerzo a través de la vibración) son especialmente fuertes o débiles y cómo programar el entrenamiento para que resulte subjetivamente más fácil. Los ritmos cronobiológicos controlan el modo en que el cerebro y el sistema nervioso interpretan señales corporales como la tensión muscular, la fatiga y el esfuerzo. La vibración tendinosa altera precisamente este procesamiento central y desvincula la percepción subjetiva del esfuerzo del rendimiento físico real. Así pues, la cronobiología proporciona el marco para comprender cuándo y en qué condiciones temporales internas tales efectos son especialmente eficaces. De este modo, vincula el control neural del esfuerzo con el cronometraje biológico del cuerpo.
Por qué la sensación de esfuerzo varía de una persona a otra
El esfuerzo se refiere a la energía que gastamos en actividades como correr, montar en bicicleta o levantar pesas. Aunque este gasto energético puede medirse físicamente, la percepción del esfuerzo no es puramente mecánica. También está influida por la percepción, que puede variar mucho de una persona a otra. Esta percepción desempeña un papel importante a la hora de decidir si una persona sigue haciendo ejercicio. Si un entrenamiento se percibe como demasiado agotador, es más probable que se abandone o se evite por completo. Si la misma actividad se percibe como factible, resulta más agradable y es más fácil continuarla durante más tiempo.
Esto plantea una cuestión interesante. ¿Qué pasaría si la sensación de esfuerzo en sí pudiera reducirse para que la gente pudiera superar la sensación de que el ejercicio es simplemente demasiado extenuante? Benjamin Pageaux, profesor del Departamento de Kinesiología y Ciencias del Movimiento de la Universidad de Montreal, está explorando esta idea junto con tres investigadores de la Universidad Savoie Mont Blanc (Francia) en el marco de un proyecto de investigación internacional.
Cómo la vibración puede cambiar las señales del cerebro
En un estudio reciente, el equipo de investigadores investigó si la vibración de determinados tendones puede reducir el esfuerzo percibido en el ciclismo. Utilizaron un dispositivo de vibración portátil diseñado para estimular los tendones antes del ejercicio. Los voluntarios participaron en pruebas de laboratorio en una bicicleta estática. Cada participante completó dos condiciones: una sesión después de la vibración de los tendones y otra sin vibración previa. En el caso de la vibración, el dispositivo se colocó en los tendones de Aquiles y los isquiotibiales y se activó durante 10 minutos antes de empezar a pedalear. A continuación, los participantes pedaleaban durante tres minutos a un ritmo que percibían como moderado o intenso, ajustando su esfuerzo al nivel objetivo. Los resultados fueron impresionantes. Tras la vibración de los tendones, los participantes generaron más potencia y tuvieron frecuencias cardiacas más elevadas que en las sesiones sin vibración. Aunque sus cuerpos trabajaban más, su esfuerzo percibido no aumentó.
Los investigadores intentan ahora comprender cómo la vibración de los tendones modifica la interpretación cerebral del esfuerzo. Aunque todavía se están investigando los mecanismos biológicos exactos, Pageaux ha propuesto varias explicaciones posibles. «Dependiendo de la amplitud y la frecuencia de la vibración, podemos estimular o inhibir las neuronas de la médula espinal», explica. «Además, la vibración prolongada altera la reactividad de los husos neuromusculares y cambia la señal enviada al cerebro». Al alterar la información que llega al cerebro desde los músculos, la vibración parece cambiar la percepción del movimiento y el esfuerzo. Como resultado, el ejercicio puede parecer más fácil, aunque los músculos estén ejerciendo más fuerza.
Motivar a la gente para que haga más ejercicio
Aunque los resultados son prometedores, la investigación se encuentra todavía en sus primeras fases. Las pruebas realizadas hasta la fecha se han limitado a breves ejercicios de ciclismo en condiciones controladas. «No se ha probado en una maratón, sólo en un ejercicio corto de ciclismo de tres minutos», señaló Pageaux. «Sin embargo, es la primera vez que se demuestra que funciona en este tipo de entrenamiento«. A continuación, el equipo planea estudiar más de cerca la actividad cerebral durante el ejercicio. Quieren utilizar herramientas como la electroencefalografía y la resonancia magnética para averiguar cómo afectan las vibraciones de los tendones a la actividad neuronal mientras las personas realizan un esfuerzo físico.

Se puede fomentar una actividad física más regular actuando específicamente sobre los mecanismos cerebrales que vinculan esfuerzo y recompensa. Cuando el ejercicio es evaluado por el cerebro como menos agotador o más gratificante, aumenta la motivación para repetirlo. Los conocimientos sobre cómo percibe el cerebro el esfuerzo permiten, por ejemplo:
- Desarrollar formas de ejercicio que se sientan subjetivamente más fáciles, aunque sean eficaces.
- Utilizar estímulos de apoyo (por ejemplo, ritmo, vibración, música) que reduzcan la percepción del esfuerzo.
- Planificar las horas de entrenamiento para que coincidan con los periodos de mayor motivación en el ritmo diario.
- Crear experiencias tempranas de entrenamiento positivas que activen el sistema de recompensa y eviten las asociaciones negativas.
Como resultado, el ejercicio ya no se recuerda principalmente como una carga, sino más bien como una experiencia positiva y alcanzable. Esto aumenta la probabilidad de que las personas integren la actividad física en su vida cotidiana a largo plazo.







