Las personas que pierden peso una y otra vez para volver a recuperarlo pueden encontrar más fácil seguir un ayuno intermitente que el recuento tradicional de calorías, según un nuevo estudio de la Universidad de Adelaida. El estudio analizó no solo cuánto peso perdieron los participantes, sino también cómo los diferentes enfoques dietéticos afectaban a sus hábitos alimenticios, su estado de ánimo, el sueño y la calidad de vida en general. Los investigadores descubrieron que el ayuno intermitente y la restricción calórica continua conducían a una pérdida de peso similar. Sin embargo, los participantes que siguieron el plan de ayuno no sintieron la necesidad de controlar constantemente su dieta, evitar comer en exceso o contar calorías para lograr estos resultados.
Un enfoque mental diferente para la pérdida de peso
Esta experiencia difería de la de las personas que seguían una dieta con restricción calórica. Estos participantes indicaron que perder peso requería un esfuerzo constante para limitar conscientemente la ingesta de alimentos y resistirse a comer en exceso. Los investigadores estimaron que esta mayor sensación de control representaba alrededor del 15 % de su pérdida de peso.

Pérdida de peso similar, experiencias diferentes
Más de 200 adultos con obesidad participaron en el ensayo clínico de 18 meses de duración. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a uno de tres grupos: ayuno intermitente, restricción calórica continua o atención estándar. Los participantes del grupo de ayuno intermitente consumían el 30 % de sus necesidades energéticas diarias entre las 8:00 y las 12:30 h, tres días no consecutivos a la semana. Tras este intervalo de alimentación, ayunaban durante 20 horas. El resto de días, comían con normalidad.
Los participantes del grupo de restricción calórica continua consumían cada día aproximadamente el 70 % de su ingesta calórica diaria habitual. El grupo de atención estándar mantuvo su dieta habitual, pero recibió pautas para una alimentación saludable. Al cabo de seis meses, los participantes tanto del grupo de ayuno intermitente como del de restricción calórica habían perdido una media de unos siete kilogramos. En comparación, los que recibieron atención estándar solo perdieron unos dos kilogramos.
Los participantes de ambos grupos dietéticos también informaron de mejoras en la depresión y el bienestar general, incluso en los días de ayuno. Los resultados, publicados en la revista Clinical Nutrition, sugieren que el ayuno intermitente y la restricción calórica pueden favorecer la pérdida de peso a través de diferentes mecanismos psicológicos y conductuales. «Los factores psicológicos y conductuales influyen de manera significativa en la capacidad de las personas para seguir una dieta. El ayuno intermitente podría ayudar a las personas a perder peso sin tener que restringir conscientemente su ingesta de alimentos», afirmó la profesora Heilbronn.
El ayuno intermitente puede ayudar a las personas a mantener su peso durante un año
Otras investigaciones recientes también muestran que determinados programas de ayuno pueden ayudar eficazmente a las personas a controlar su peso. Un programa de ayuno intermitente de 12 semanas puede ayudar a las personas a mantener la pérdida de peso durante al menos un año tras completar la intervención estructurada. Esta es la conclusión de un estudio en el que participó la Universidad de Granada (UGR).
El estudio, publicado en la revista *Clinical Nutrition*, siguió a 99 adultos con sobrepeso u obesidad. La mitad de los participantes eran mujeres. Los investigadores descubrieron que limitar la ingesta diaria de alimentos a un intervalo de ocho horas ayudaba a los participantes a conservar una mayor parte de la pérdida de peso que en el caso de un intervalo de alimentación de 12 horas o más.
Los investigadores analizaron el popular método 16:8 de ayuno intermitente. Con este método, los participantes ayunan durante 16 horas al día y consumen sus comidas durante las ocho horas restantes. Los beneficios sostenidos no dependían de si los participantes comían más temprano o más tarde durante el día. En el horario temprano, se permitía comer entre las 9:00 y las 17:00, mientras que el horario tardío utilizaba un intervalo entre las 13:00 y las 21:00.
Un año después de finalizar la intervención, tanto el grupo con el horario de ayuno temprano como el grupo con el horario de ayuno tardío habían mantenido una pérdida de peso significativamente mayor que los participantes que continuaron comiendo durante 12 horas o más al día. Las personas asignadas al horario temprano también mostraron una mayor reducción de la masa grasa. Los resultados sugieren que la alimentación con restricción horaria puede ser viable a corto plazo y producir efectos que perduran mucho más allá del programa original.
Medición del peso y la composición corporal
El estudio se publicó en Clinical Nutrition, la revista oficial de la Sociedad Europea de Nutrición Clínica y Metabolismo. En el estudio participaron investigadores de la Universidad de Granada (UGR), el Instituto de Investigación Biomédica de Granada (ibs.GRANADA), la Universidad Pública de Navarra y la Red de Investigación Biomédica (CIBER). Durante las primeras 12 semanas, los 99 participantes recibieron formación sobre cómo seguir una dieta mediterránea. A continuación, se dividieron en cuatro grupos.
El grupo de control mantuvo su ventana de alimentación diaria habitual de 12 horas o más. El grupo de ayuno temprano se ajustó a una ventana de 8 horas que comenzaba antes de las 10:00 de la mañana. El grupo de ayuno tardío siguió una ventana de ocho horas que comenzaba después de la 1:00 de la tarde. Los participantes del grupo de elección libre eligieron su propio horario de ocho horas.
Los investigadores midieron el peso corporal, la masa grasa y la masa libre de grasa antes y después de la intervención. Un año después de que finalizara el programa, repitieron las mismas mediciones. El estudio formaba parte de un proyecto de investigación más amplio cuyos resultados clave se publicaron en *Nature Medicine*. Estos resultados mostraron que los participantes que practicaron el TRE perdieron una media de entre 3 y 4 kilogramos más que aquellos que solo recibieron asesoramiento dietético, independientemente de cuándo se produjera su franja horaria de alimentación.
Los cambios de peso persistieron incluso tras finalizar el programa
La Dra. Alba Camacho Cardeñosa, investigadora del Instituto Conjunto de Deporte y Salud (iMUDS) de la Universidad de Granada (UGR) y becaria posdoctoral en el ibs.GRANADA, en el Departamento de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario de San Cecilio, es la primera autora del estudio. Explica: «Aunque sabíamos que el ayuno intermitente favorece una pérdida de peso moderada a corto plazo, no estaba claro si estos efectos se mantendrían a largo plazo. Al realizar un seguimiento de los participantes 12 meses después de finalizar la intervención, pudimos demostrar que los cambios en el peso corporal se mantienen».
Los investigadores también señalan datos que sugieren que este método puede aplicarse fuera del marco de un estudio controlado. Destacan: «Un hallazgo muy positivo es que uno de cada tres participantes decidió continuar con el ayuno intermitente por iniciativa propia durante el periodo de seguimiento de un año, lo que sugiere que se trata de un hábito que puede integrarse con relativa facilidad en la vida cotidiana».
Un enfoque flexible para el control del peso
Según el equipo de investigación, incluso un periodo de 12 semanas de ayuno intermitente podría ser una opción eficaz a medio plazo para el control del peso en adultos con sobrepeso u obesidad. Dado que tanto las franjas horarias de alimentación tempranas como las tardías proporcionaron beneficios duraderos, los pacientes podrían elegir el horario que mejor se adapte a su vida cotidiana. Esta flexibilidad podría facilitar el cumplimiento del enfoque y, potencialmente, potenciar sus beneficios en el tratamiento de la obesidad.
El grupo MP20 «Biomarcadores para enfermedades metabólicas y óseas» del ibs.GRANADA investiga los marcadores biológicos y las posibles dianas terapéuticas relacionadas con las enfermedades metabólicas, óseas y cardiovasculares. El grupo combina la bioinformática con la investigación clínica para desarrollar herramientas de diagnóstico y evaluar posibles terapias. Entre sus tareas se incluyen la investigación del ayuno intermitente como tratamiento para la obesidad y los problemas de salud relacionados, así como el análisis de si los marcadores óseos pueden ayudar a predecir el riesgo cardiovascular. A través de su enfoque multidisciplinar y colaborativo, el grupo se esfuerza por obtener resultados de investigación con aplicabilidad clínica práctica.
Por qué los investigadores quieren seguir investigando el ayuno intermitente
Aunque el ayuno intermitente ha ganado una gran popularidad en los últimos años, siguen sin resolverse muchas cuestiones a largo plazo. Los investigadores siguen estudiando para qué personas es especialmente adecuado este enfoque dietético y qué mecanismos biológicos subyacen a los efectos observados. Un área importante de investigación en este contexto es la cronobiología, es decir, la ciencia de los ritmos naturales del cuerpo y su importancia para el metabolismo, las hormonas y la salud.

Por este motivo, los científicos investigan cada vez más no solo la duración del ayuno, sino también el momento en que se come. Las franjas horarias de alimentación más tempranas, en las que la ingesta de alimentos se produce principalmente por la mañana y a primera hora de la tarde, pueden favorecer mejor el ritmo diario natural del metabolismo. Sin embargo, otros estudios muestran que las franjas horarias de alimentación más tardías también pueden ofrecer beneficios, especialmente cuando se siguen de forma constante. La clave, por lo tanto, podría estar en encontrar una forma de ayuno intermitente que sea biológicamente adecuada y viable de aplicar en la vida cotidiana a largo plazo.
Las investigaciones futuras también deberían aclarar qué grupos de personas se benefician más de este método. A algunas personas les resulta muy difícil contar calorías o controlar el tamaño de las raciones a largo plazo. Para ellas, una ventana de alimentación limitada en el tiempo podría ofrecer una estructura más sencilla, ya que requiere menos decisiones sobre alimentos específicos o cantidades. «Los estudios futuros deberían centrarse en identificar a las personas que tienen dificultades para mejorar sus hábitos alimenticios, ya que podrían obtener mejores resultados con dietas de ayuno intermitente, lo que permitiría un control del peso más personalizado», afirmó la profesora Heilbronn. Así pues, la investigación se está alejando cada vez más de la cuestión de qué dieta es, en esencia, la mejor. En su lugar, la atención se está desplazando hacia un enfoque individualizado: la estrategia alimentaria más eficaz puede ser aquella que se adapte a la constitución biológica, la vida cotidiana y los hábitos a largo plazo de cada persona.








