Un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Illinois en Chicago aporta pruebas preliminares de que la alimentación con restricción horaria podría ser un complemento prometedor para el control de la diabetes tipo 1 en determinados adultos. Los participantes que consumían sus comidas dentro de un intervalo de ocho horas lograron mejores niveles de glucemia al cabo de seis meses que aquellos que redujeron específicamente su ingesta calórica. Los resultados son notables porque, aunque el ayuno intermitente ya se ha estudiado ampliamente en relación con la obesidad, la salud metabólica y la diabetes tipo 2, hasta la fecha se disponía de muy pocos datos sobre cómo este patrón alimentario afecta a las personas con diabetes tipo 1.
El estudio, dirigido por Krista Varady, profesora de kinesiología y ciencias de la nutrición en la Universidad de Illinois en Chicago, tiene por tanto como objetivo principal responder a una pregunta que hasta la fecha ha recibido poca atención por parte de la investigación: ¿pueden las personas con diabetes tipo 1 seguir un horario de alimentación restringido sin aumentar el riesgo de fluctuaciones peligrosas de la glucemia? Los resultados iniciales son alentadores. Al mismo tiempo, los investigadores subrayan que el estudio aún no ofrece una base suficiente para recomendar el ayuno intermitente como tratamiento para la diabetes tipo 1.
¿Qué es exactamente la diabetes tipo 1?
Para comprender la importancia del estudio, conviene analizar primero la propia enfermedad. La diabetes tipo 1 difiere fundamentalmente de la diabetes tipo 2, aunque ambas afecciones pueden provocar niveles de azúcar en sangre persistentemente elevados. En una persona sana, la glucosa se libera en la sangre tras el consumo de hidratos de carbono. Cuando los niveles de azúcar en sangre aumentan, el páncreas produce insulina. Esta hormona permite que las células del cuerpo absorban la glucosa de la sangre y la utilicen como fuente de energía.

La insulina puede administrarse, por ejemplo, mediante varias inyecciones diarias o con la ayuda de una bomba de insulina. Los sistemas modernos también pueden controlar de forma continua los niveles de glucosa en sangre y automatizar parcialmente la administración de insulina. No obstante, controlar el azúcar en sangre sigue siendo una tarea compleja. Esto se debe a que las necesidades de insulina dependen, entre otras cosas, de qué y cuánto come una persona, de cuánta actividad física realiza, de si está sometida a estrés, de cómo reacciona su organismo a determinados alimentos y de qué otros factores influyen en su metabolismo.
Por qué la nutrición puede resultar especialmente complicada en la diabetes tipo 1
Para las personas con diabetes tipo 1, una comida no es, por lo tanto, solo una comida. Los hidratos de carbono hacen que la glucosa pase al torrente sanguíneo. Para contrarrestar este aumento, debe administrarse la cantidad adecuada de insulina.
Por ejemplo, alguien que toma una comida rica en hidratos de carbono suele necesitar una dosis de insulina ajustada en consecuencia. Si, por el contrario, se salta una comida o se retrasa considerablemente, la situación respecto al tratamiento con insulina también cambia. Precisamente por eso, la cuestión del ayuno intermitente en la diabetes tipo 1 resulta especialmente interesante, pero también supone un reto particular.
Con el ayuno intermitente, no hay necesariamente normas estrictas sobre qué comer. En cambio, la atención se centra en cuándo se puede comer. Una variante muy conocida, por ejemplo, es el llamado modelo 16:8: a 16 horas sin ingesta calórica les sigue un intervalo de ocho horas para comer. En el nuevo estudio se analizó un principio similar. A los participantes se les permitió comer entre las 12:00 y las 20:00. Fuera de este intervalo de tiempo, no consumían calorías.
32 personas participaron en el estudio
Para el estudio, los científicos reclutaron a 32 adultos del área metropolitana de Chicago. Los participantes padecían diabetes tipo 1 y, además, estaban clasificados como obesos según los criterios de IMC utilizados. Los investigadores dividieron aleatoriamente a los participantes en tres grupos. Su objetivo era comparar si una ventana de alimentación con restricción horaria afecta al metabolismo de forma diferente a la restricción calórica tradicional o a mantener los hábitos alimenticios anteriores.
Los tres grupos se diferenciaban de la siguiente manera:
- Un grupo limitó la ingesta de alimentos a un intervalo diario de ocho horas, entre las 12:00 y las 20:00. A los participantes no se les exigió que contaran calorías.
- Un segundo grupo redujo su ingesta calórica diaria en un 25 por ciento.
- Un grupo de control mantuvo sus hábitos alimenticios anteriores.
El estudio duró seis meses. Esto permitió a los científicos no solo comparar entre sí dos enfoques dietéticos diferentes, sino también observar cómo se desarrollaban los cambios en comparación con un grupo que mantenía sus hábitos anteriores.
Mejora de los niveles de HbA1c
Los cambios en los niveles de HbA1c resultaron especialmente interesantes. Este parámetro analítico se utiliza con frecuencia para evaluar el control a largo plazo de la glucemia en personas con diabetes. Mientras que una única medición de la glucemia no es más que una instantánea, el nivel de HbA1c ofrece una indicación del nivel medio de glucemia durante un periodo de tiempo más prolongado. Al cabo de seis meses, los niveles de HbA1c de los participantes que se habían adherido a la ventana de alimentación de ocho horas habían disminuido una media de aproximadamente 0,5 puntos porcentuales.
Aún más interesante resultó la comparación con el grupo que había reducido su ingesta calórica en un 25 por ciento. Los participantes que practicaron la alimentación con restricción horaria mostraron mejores tendencias en sus niveles de glucemia. Esto podría sugerir que, para ciertas personas, la cantidad de calorías consumidas puede no ser el único factor decisivo. El momento en que se ingieren los alimentos también podría influir. Sin embargo, a partir de este pequeño estudio aún no es posible concluir que una ventana de alimentación de ocho horas sea, en general, mejor que la reducción de calorías.
¿El ayuno provocó niveles peligrosos de azúcar en sangre?
Un estudio sobre el ayuno intermitente y la diabetes tipo 1 plantea una cuestión de seguridad especialmente importante: ¿saltar comidas aumenta el riesgo de hipoglucemia u otras alteraciones metabólicas peligrosas?

Tampoco se observó con el enfoque dietético analizado un mayor riesgo de cetoacidosis diabética, una alteración metabólica potencialmente mortal derivada de una grave deficiencia de insulina.
Este es un punto clave del estudio. Aunque un enfoque dietético pudiera ayudar a controlar el peso o los niveles medios de azúcar en sangre, solo resultaría interesante para las personas con diabetes tipo 1 si pudiera integrarse de forma segura en su vida cotidiana.
Por qué los resultados deben interpretarse aún con cautela
A pesar de los resultados positivos, esto no demuestra que el ayuno intermitente sea un nuevo tratamiento para la diabetes tipo 1. La razón principal es el reducido número de participantes. Solo 32 personas formaron parte del estudio. Un estudio de tan pequeña envergadura puede aportar interesantes conclusiones iniciales, pero no es lo suficientemente amplio como para determinar de forma fiable si los resultados son aplicables de manera general a las personas con diabetes tipo 1.
Además, los participantes constituían un grupo relativamente específico: adultos con diabetes tipo 1 que también estaban clasificados como obesos según los criterios de IMC utilizados. Por lo tanto, los resultados no se aplican necesariamente a niños y adolescentes con diabetes tipo 1, a personas con peso normal ni a otros grupos de pacientes. Por otra parte, la duración de seis meses del estudio aún no permite extraer conclusiones sobre los efectos a largo plazo de este modelo alimentario cuando se practica durante muchos años.
El ayuno intermitente no es lo mismo que comer menos
Otro aspecto interesante del estudio es que a los participantes del grupo de ayuno no se les exigió explícitamente que redujeran su ingesta calórica. En su lugar, la pauta principal consistía en limitar la ingesta de alimentos a ocho horas al día. Esto distingue este enfoque de las dietas tradicionales, que, por ejemplo, especifican una determinada ingesta calórica diaria.
En la práctica, sin embargo, un intervalo de alimentación más corto puede llevar indirectamente a las personas a comer menos. Quienes solo pueden comer entre el almuerzo y la cena simplemente tienen menos oportunidades para las comidas y los tentempiés.
Por lo tanto, el estudio no responde de forma definitiva a la pregunta de si el efecto observado se debe realmente al horario de la ingesta de alimentos o, en parte, al hecho de que esto modifica el comportamiento alimentario general.
Lo que los investigadores planean estudiar a continuación
Para Krista Varady y su equipo de investigación, los resultados constituyen ante todo un punto de partida para futuras investigaciones. Estudios a mayor escala, en los que participen personas de múltiples centros de investigación, podrían demostrar si las mejoras observadas en el control de la glucemia pueden confirmarse efectivamente. También sería importante incluir diferentes grupos de personas con diabetes tipo 1.
Investigaciones posteriores podrían, por ejemplo, aclarar si se producen efectos similares en personas con diferentes pesos corporales y qué papel desempeñan la edad, la actividad física, la terapia con insulina y la composición de la dieta. También es necesario investigar más a fondo la seguridad a largo plazo.
No es una invitación a ayunar por cuenta propia
Los propios autores del estudio no consideran que sus hallazgos constituyan una llamada a que las personas con diabetes tipo 1 cambien inmediatamente su dieta. Esto es especialmente importante porque un cambio en los horarios de ingesta también puede afectar a la terapia con insulina. Las personas con diabetes tipo 1 no pueden simplemente ignorar sus necesidades de insulina solo porque no coman durante unas horas.
Por ello, Varady hace hincapié en que las personas con diabetes deben consultar los cambios en sus hábitos alimentarios con su endocrinólogo o médico responsable. Esto se aplica, en particular, a las formas de ayuno en las que no se ingieren calorías durante períodos prolongados. Los ajustes individualizados del tratamiento y un estrecho control de los niveles de glucosa pueden resultar cruciales.
Un nuevo e interesante campo de investigación
El estudio de la Universidad de Illinois en Chicago aporta, por tanto, principalmente pruebas iniciales de que la alimentación con restricción horaria también debería investigarse en personas con diabetes tipo 1.
La disminución de los niveles de HbA1c en una media de aproximadamente 0,5 puntos porcentuales y la ausencia de cualquier riesgo adicional apreciable de episodios de hipoglucemia grave son hallazgos interesantes. Sin embargo, aún no son suficientes para establecer recomendaciones dietéticas generales.
Por lo tanto, la verdadera importancia del estudio puede residir menos en el hecho de que ya presente un nuevo método de tratamiento. Más bien, abre un campo de investigación que, hasta la fecha, ha sido relativamente poco explorado.








